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Leyendas todas

El Clavel del Aire

Muy duros eran los tiempos en que los conquistadores arrasaban con todo, imponiendo sus reglas, apropiándose de aquello que les placía y codiciaban, sin remordimientos ni respeto por lo ajeno.

El poder que les brindaban sus armas de fuego, su habilidad con las espadas y el miedo a lo desconocido que confundía a los pobladores originarios, les habilitaba a todo tipo de atropellos y depredaciones. Bien sabido es que en toda conquista el abuso a las mujeres está presente, y no fue menos en esta, que resultaba a ojos de los lujuriosos españoles un permiso de libertinaje del que carecían en su tierra.

Fue en ese tiempo cuando sucedió esta historia.

Un español, de cuyo nombre nadie quiso nunca acordarse, quedó prendado de deseo una tarde en que descubrió caminando por la sierra a una bella indiecita llamada Shullca. Desde ese momento su único pensamiento era poseerla para sí.

No podía pedirla a su padre en matrimonio pues era impensable semejante unión. No quería tampoco él tenerla por esposa. Confiado en su derecho la persiguió hasta encontrarla sola una mañana. Intentó primero seducirla, pero ella le rechazó. Quiso entonces tomarla por la fuerza, pero al intuir sus intenciones Shullca logró esquivarlo y corrió desesperada en busca de los suyos.

Ya cerca de su aldea, comprendiendo que no llegaría antes que el hombre la atrapase, trepó a un viejo y alto algarrobo que se alzaba en la cima de un cerro a orillas del barranco, sintiendo los pasos de él cada vez más cerca.  En ese momento comenzó  a soplar un viento intempestivo, que sacudía las gruesas y delgadas ramas de los árboles, asustando aún más a la jovencita, que a pesar de ello no dejó de trepar y trepar mientras el español trepaba tras ella susurrándole dulces palabras y prometiéndole que si bajaba no le haría daño.

Shullca no cedió, bien sabía ella las intenciones del hombre y la habilidad para el engaño que los forasteros tenían.

Despechado él cambió el tono y la amenazó, confiando en que el miedo la haría obedecerle, pero Shullca siguió subiendo hasta que le fue imposible continuar. En lo más alto del árbol que se bamboleaba sacudido por el viento, se supo atrapada entre el hombre que venía tras ella por un lado y el temible vació que parecía aguardarla por el otro.

Cuando ruegos, amenazas y gritos no fueron suficientes, el español sacó su puñal en un último intento de intimidarla. Shullca se negó a obedecer y el hombre le arrojó el puñal en el mismo momento que un viento despiadado arqueaba las ramas del algarrobo, inclinándolo hacia el vacío.

Herida de muerte cayó la joven y tras ella, despeñándose en las rocas el hombre.

Cuando la gente de la tribu llegó junto al árbol, corriendo furiosos pues de lejos habían visto lo sucedido, vieron con asombro que de la húmeda sangre de Shullca que había alcanzado el tronco, nacía una planta desconocida y bella, libre de ataduras a la tierra y al cielo. Una planta hija del viento a la que llamaron Clavel del Aire.

Es desde entonces este clavel que echa raíces en un sitio y otro solo por un tiempo, símbolo de libertad, de pureza e inocencia tal, que su sola presencia en cualquier sitio purifica el aire mismo

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La Difunta Correa,  cuyo nombre original era Deolinda Correa, es un personaje mítico de nuestro país, que encierra una conmovedora historia de amor y fidelidad. Luego de su muerte, se transformó en objeto de culto y devoción, y se le atribuyeron milagros. Su santuario se encuentra en la localidad de Vallecito, provincia de San Juan, y allí es visitada cada año por miles de creyentes de todo el país y de países vecinos, que llegan para pedirle favores, cumplirle promesas o agradecerle por la ayuda o el milagro concedido.

La historia cuenta que, allá por los años 40 o 50, mientras se vivían las lamentables luchas fraticidas entre unitarios y federales, la joven Deolinda Correa estaba casada con Baudilio Bustos, y acababan de tener a su primer hijo.  En estos tiempos de guerra y violencia, una tropa montonera pasó por San Juan para robar víveres y reclutar hombres a la fuerza. A pesar del intento de resistirse para no abandonar a su familia,  Baudilio fue reclutado y Deolinda quedó desamparada. El Comisario del pueblo, quien deseaba a la hermosa Deolinda, aprovechó esta situación y comenzó a perseguir y acosar a la madre y esposa desprotegida.

Ella sabía que tarde o temprano sería obligada a complacer al Comisario, por lo que decidió escapar tras los pasos de su amado esposo, llevando a su hijo en brazos.

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La Dueña de la Yerba Leyenda

La dueña de la yerba es una virgen, alta y muy blanca con cabellos de oro. Su cabello cae sobre su vestidura que hace ruido como seda, todo brilla vestida de blanco muy atractiva y resplandeciente. Al pasar por el yerbal toma más altura e impacta por su presencia.

Los hombres que pactan con ella tienen sus beneficios pero no es fácil, este consiste en prometer frente a una planta de yerba mate a no tener relaciones sexuales con ninguna mujer. Dejando por escrito y enterrando el papel ahí mismo, a que día y hora regresará a demostrar que ha cumplido  fielmente su promesa. De hecho, para quienes no cumplan con lo pactado tendrán consecuencias desagradables, no es algo para tomarlo a la ligera.

Hasta su valentía y amor por ella será probada, le enviara víboras y otros animales del monte a los que deberá enfrentar y vencer. Solo así ella se presentará en forma humana, una bella mujer que él podrá contemplar. Con respecto a su labor en el yerbal, su trabajo rendirá y le tocará las plantas más robustas.Además ella cuidará del descanso de los trabajadores, recorre el yerbal durante la siesta pero más por las noches. Cuando todos se retiran, ella canta con una hermosa voz por en medio de las plantas estremeciendo todo a su alrededor.

El nombre que recibe es Caáyari, pero los que trabajan en los yerbales de Argentina le dicen Caási. Es la dueña indiscutible de la yerba. Aunque es una leyenda, para muchos trabajadores va más allá de una simple historia, dan fe de su existencia en más de una oportunidad en forma presencial.

Su convicción no los amedrentan ni avergüenzan por las burlas de los demás, de hecho tienen la certeza de lo que cuentan sobre la dueña de la yerba o la hermosa virgen. Inclusive piensan que la ignorancia no les deja ver a muchos sobre los misterios del monte y todo lo que sucede en el.

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La leyenda del chajá

Aguará era un valiente cacique desde joven y por eso respetado y muy querido por el pueblo, pero el tiempo había transcurrido y se encontraba enfermo y cansado. Tenía una hija de nombre Taca,  ella cuidaba de su padre y además atendía sus tareas como jefe. De hecho, Aguará le había enseñado desde pequeña a usar el arco y la flecha para cazar, además de tomar decisiones en asuntos concernientes al pueblo.

Las madres de las tribu acudían a ella por consejo y ayuda cuando sus hijos se encontraban en problemas, Taca siempre estaba dispuesta a escuchar y dar la ayuda necesaria.

Además de ser una mujer independiente y capacitada para todos esto, era una bella joven de trenzas negras y largas, de piel cobriza y ojos grandes y llamativos. Por lo cual, muchos jóvenes estaban enamorados de ella y querían casarse con ella. Sin embargo, su corazón ya tenía dueño y sus sentimientos que nadie podía cambiarlo.

El nombre de su amado era Ará-Naró, en ese momento estaba ausente porque se había ido a cazar a las selvas del norte y en su regreso se casarían.

El pueblo se encontraba en días normales sin ningún sobresalto hasta que ocurrió algo inesperado en el bosque, cuando tres jóvenes de la tribu se fueron a buscar miel. Para hallar más paneles se separan en el bosque y de repente  se escuchan unos gritos desgarradores, era de uno de los jóvenes de nombre Petig, quien había sido atacado por un yaguareté.

El animal lo tomo por sorpresa y nada se pudo hacer para salvarlo, apenas sus compañeros pudieron escaparse del bosque. Se fueron desesperados al pueblo para contar lo ocurrido, quedando todos aterrorizados por esta tragedia y ya no iban a buscar los frutos al bosque.

No paso mucho tiempo para que el consejo de ancianos se reuniera y tomara una decisión para ponerle fin a esa amenaza, solo un joven se atrevió a presentarse para ir al bosque y luchar con el yaguareté. A pesar de la valentía y fuerza de Pirá-Ú no alcanzó para vencer a este animal, porque el joven nunca más regresó.

Nuevamente el consejo de ancianos convoca a jóvenes valientes para ir, pero nadie se presentó esta vez. Claramente esto enojo mucho a la hija del cacique, Taca. Así que ella misma se decidió a ir al bosque para luchar con el yaguareté, obviamente su padre no quería que fuese ella y aunque trato de disuadirla para que cambie su decisión fue en vano.

Cuando esta a punto de partir esta regresando su prometido de las selvas del norte, algo que le causó gran alegría y así juntos irían al bosque a ponerle fin al yaguareté.

La pareja partió juntos y con mucha esperanza y valor para terminar con esta amenaza, que había alterado la paz del pueblo. En un momento sintieron al yaguareté muy cerca y no se equivocaron, el felino los avanzó sin demora. Taca alentó a su prometido mientras luchaba con gritos de chajá, chajá…y luego ella sin pensarlo se trabó en lucha feroz.Nadie salió triunfante de esta lucha, Taca, Ará-Naró y el yaguareté, pagaron con su vida el heroísmo que los llevo a la lucha.

 

Cuando la noticia llegó al pueblo, todos lloraron la muerte de esta pareja valiente y el viejo cacique murió de tristeza. Todos entraron en gran duelo y pena, de inmediato prepararon una gran urna donde colocaron el cuerpo del cacique, sus prendas de vestir, comida y bebida, como era la costumbre de los guaraníes.

Pero en el momento del entierro sucedió algo sorprendente, se posó una pareja de aves sobre la urna con gritos de chajá, chajá. Eran Taca y Ará-Naró, quienes fueron convertidos en aves por Tupá con una misión muy especial. Regresaron a la tribu con sus hermanos de una forma diferente, para ser eternos guardianes y alertar a todos cuando amenace el peligro.

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La leyenda del ombú

Cuenta la leyenda que peina el viento del ombú que descansa en medio de la llanura interminable de la pampa, que en tiempos lejanos, tan lejanos que Dios aún dormía, existía en nuestro país una tribu que habitaba en la zona que hoy conocemos como llanura pampeana.

En la pampa húmeda se siembra maíz, y este grano que es la alegría del pueblo latinoamericano, convertía en una fiesta las épocas de siembra y las de recolección. Durante estos períodos el pueblo recordaba y celebrara el día que la tribu había sembrado  y recolectado por primera vez.

La vida de la comunidad se desarrolla alrededor de la plantación. Se turnan para cuidarlas y controlar el estado de la tierra, cuán húmeda está, si alguna maleza está invadiendo el maíz y cosas por el estilo. Pero lo que más buscan es ver alguna plantita nueva. El que la encuentra, cualquier día cuando el sol está en la mitad del cielo, tendrá que prepararse para un día de cosas buenas. La gente se duerme pensando en el maíz, sueña con el sembradío y se levanta para servirle.

La única cosa que pudo siempre distraerlos del maíz fue la guerra. Y la guerra llegó. Vino un día, como todas las guerras, a robarse las plantas, a los hombres y a la vida. Los sembradíos quedaban desiertos cuando pasaba una turba sobre ellos, los hombres corrían a vengarse, castigar y morir. Las mujeres se quedaban a cuidar la casa, la toldería y a los niños. En una ocasión cuando los hombres se disponían a partir, el jefe viendo que solo una parcela de maíz había sobrevivido al malón, se volvió hacia su mujer y le dijo:

-Ombí, cuida del maíz. Tu serás la jefa, tu quedas a cargo.

Ombí asintió silenciosa con la cabeza. La solemnidad de la responsabilidad otorgada pesaba mucho en la lengua. Además, no es mujer de muchas palabras y su marido entendió que no hacía falta decir nada y que su mujer había jurado su vida a ese pequeño pedazo de tierra que albergaba al maíz. Ombí no es muy demostrativa y le gustaría tener más gestos cariñosos con su familia, pero no puede. Esto la pone muy triste porque no se da cuenta de que ellos saben que sus sentimientos son profundos y llenos de bondad, no se da cuenta de que sus gestos dejan una estela de palabras sordas que los abraza con un amor suyo tan  característico que nunca podrían dudar de su sentimiento.

Y algo de eso tiene la tarea que le encomendó el esposo. El maíz es el alimento del pueblo, es amor a la tribu, amor al otro, para que nunca vuelva a sufrir hambre, para que cuando se acaben las reservas el maíz no falte, sino que esté listo para crear una reserva nueva. Es por esto que Ombí se tomó tan en serio la tarea de cuidar la plantita.

Pasaba día y noche junto al sembradío observando como las plantas iban creciendo y se multiplicaban, pero las lluvias comenzaron a escasear y con ellas el agua. Una gran sequía asoló a la región, pero las plantas resistían gracias a los cuidados de Ombí. El sol laceraba la fibra de las hojas, de a poco las varas empiezan a caer y se queman bajo los rayos. La plantación entera sucumbe ante el terrorismo despótico del astro rey. Queda una sola vara verde, una sola planta que Ombí cuidará con todo su cuerpo, con su vida.

 

La indígena es obstinada y su plan consiste en quedarse junto a la vara para protegerla de los látigos del sol. Sus vecinos la buscan, le insisten en que descanse, pero ella no abandona su lugar. La refresca con su aliento, usa su ración de agua para regarla, y hasta le habla. Se hacen amigas, le cuenta a la planta cosas que jamás ha hablado con nadie. Le cuenta de su infancia, de las cosas que soñaba cuando era chica y las que todavía se atreve a soñar. También le habla de la función que ella, la planta, cumple, y la necesidad que la tribu tiene de que ella siga creciendo fuerte y sana. Con ella se desahoga cuando la angustia de no tener noticias de su marido la invade.

Se agranda el alma de Ombí en la medida que la planta va creciendo. Cuando el viento fuerte llega y amenaza la tarea de la esposa del jefe, ella cava un pozo en donde enterrará sus pies y los enraizará para que no pueda moverla de su sitio junto a la planta de maíz. El tiempo pasa, y cuando los hombres de la tribu vuelven la encuentran así, agigantada, con forma de árbol. Su cabello se ha vuelto verde y se enmarañó en sus propias ramas que son miles de brazos que le crecieron a su alma mientras se ensanchaba para proteger al maíz del sol. Sigue sin decir una palabra pero su gesto de amparo inconfundible se materializó en tronco ancho y pacífico con lugar para todos los que necesiten refugio.

Al momento de la cosecha, cuando ya había un precioso maizal crecido, el jefe regresó. No le importó la metamorfosis de su amada, pero nunca dejó de ir durante las tardes a sentarse a su vera y llorarla. Le dice cosas que antes no podía decirle, le dice que la ama y le agradece el sacrificio, se deshace en palabras y lágrimas discretas. Llorará, llorará y hablará mucho, hasta que al fin se de cuenta, que en realidad, no es necesario.

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Leyenda de la calandria

La leyenda tiene lugar en el Noroeste, que narra sobre una joven muy bella y atractiva que provocando a cuanto joven la admiraba, terminaban enamorándose de ella. Dicho de otra manera, luego de encender el amor de estos jóvenes por ella, jugaba con sus sentimientos y los rechazaba.

Los trataba con tanta crueldad que muchos de ellos habían tomado la triste y desesperada decisión de quitarse la propia vida, al no ser correspondido por el amor de esta bonita joven. Según la leyenda, las voces de las almas en pena eran traídas por el viento hacia ella que no sentía ninguna preocupación.

Hasta que un día uno de sus enamorados quedo despechado, porque al parecer le dio esperanzas de amor con miradas y señales. Sin embargo, como siempre comenzó a alejarse y despreciar a este hombre para seducir a otro que la había galanteado.

Este joven quedo confundido por su actitud y con el corazón destrozado se lleno de rencor, hasta el grado de pedir a los cielos que la castigarán por ser tan casquivana. De hecho, así sucedió porque el castigo la alcanzo y se convirtió en una ave garbosa o en la Calandria.

De su anterior condición humana guarda la belleza indescriptible de su canto que le permitiría reproducir el trino de todos los pájaros, similar a su actitud inestable de rama en rama, pero que ahora serviría para el consuelo de aquellas almas en pena que dejó por su amor no correspondido.

¡Ciertamente es una condición que sigue seduciendo y enamorando a muchos!

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Leyenda de la luz mala

Esta leyenda nace en el noroeste Argentino, más precisamente en las zonas rurales donde este fenómeno se produce en las últimas horas de la tarde y durante la época más seca del año. También se le conoce como el Farol de Mandinga y por esta razón cuando se reflejaba entre las piedras y los cerros eran como llamas de fuego cuenta la leyenda, en aquellos lugares donde había difuntos enterrados.

Según la tradición para el 24 de agosto (día de San Bartolomé), estas luces están más brillantes por la presencia del Diablo mismo quien atrae a las almas en pena que no purgaron sus culpas y entonces están condenadas a permanecer en la tierra como castigo.

Explicación científica para esta leyenda:

En la actualidad se puede asegurar que este mito o leyenda tiene un origen real del fuego fatuo que se produce como fosforescencia debido a la descomposición de materias orgánicas, que se encuentran en el suelo o enterradas a poca profundidad.

Otra explicación que dan sobre el efecto de esta luz, puede ser la resultante del reflejo de la luz de la luna en los huesos de animales, como las vacas muertas en el campo. Entonces en la oscuridad profunda de la noche de las zonas rurales es interpretada por la gente como algo sobrenatural, pero que en realidad al acercarse a la misma se desvanece.Y que por eso cuando los lugareños veían a los animales muertos se lo atribuían a la aterrorizante luz mala.

Lo cierto es que debido a la superstición, mito o leyenda, son muy pocos los que se atreven a investigar más sobre estos lugares en los que se han encontrado restos humanos, objetos, alfarería indígenas, e incontables experiencias contadas por los lugareños mismos sobre hechos ocurridos por la famosa Luz mala.

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Leyenda del chingolo

 La leyenda del chingolo se basa en una triste historia de la relación entre padre e hijo. El hombre era un gran tropero, de mucha experiencia y quería que su hijo sea como él así como también su abuelo le había enseñado el oficio.

Sin embargo, este muchacho nunca hacía caso a su padre, y aunque a veces le hablaba y parecía entrar en razón todo ello era en vano.

El joven en ocasiones acompañaba al padre a hacer el trabajo pero este lo hacía con desgano y siempre desdeñando la tarea de su padre.

Pero un día una tragedia llegó a su vida. Debían pasar los animales por el vado de un río torrentoso con mucha corriente. El hombre le indicó a su hijo que evite el desbande de los mismos que trataban de dispersarse, pero el muchacho hizo muy mal su trabajo.

Tanto fue así que el hombre se colocó en el medio del río con su caballo tratando de evitar perder los animales en aquel río, pero el remolino que se formó en el medio no le permitió rescatar su propia vida y allí terminó ahogado.

El joven lloró amargamente mucho tiempo y se sintió culpable por no haber aprendido y hacer su trabajo como corresponde.

Es por eso que para mitigar su dolor y culpa decidió hacerse tropero. Poco a poco comenzó a tomar el oficio mas en serio y a hacerlo de una muy buena manera. Allí comenzó a encariñarse con el oficio que su padre y abuelo habían practicado en vida, y de día silbaba mientras que de noche cantaba mirando hacia el cielo.

No obstante, este silbido no era mas que el sufrir de un alma que sentía culpa por lo sucedido con su padre en aquel triste día. Tristemente el consuelo nunca llegó.

Un día le confesó a un amigo que vivía atormentando por esta culpa y le pidió que cuando muera arroje sus huesos por aquellos vados o arroyos por donde había pasado con su padre haciendo el trabajo de tan mala gana.

Cuando llegó el día de su muerte, el amigo cumplió con el pedido del tropero que nunca había podido calmar su dolor y culpa.

Cuenta la historia que aquellos huesos al estar en contacto con el agua se fueron desgastando y tomaron la forma de huevos. De aquellos huevos, nacieron pajaritos. Ese pajarito es el chingolo.

Anda dando saltitos, y recuerda con con dolor no haber obedecido a su padre. Silba cuando canta, porque el tropero silba y canta de día y de noche azuzando la tropa en la soledad de los campos.

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Leyenda del Girasol

Cuenta la leyenda que todo hubiese seguido bien; y nosotros quizás nunca hubiésemos conocido a estas tribus; de no ser por el deseo de Mandió de unir a las tribus tomando como esposa a la bella hija de su amigo Pirayú.  Con pena Pirayú le confesó que le resultaba imposible satisfacer ese deseo puesto que Carandaí, la jovencita, desde muy pequeña había ofrecido su vida al dios Sol y por lo tanto no se casaría con ningún hombre. Mandió insistió una y otra vez sin querer entender razones por mucho que su amigo intentó explicarle. Furioso y jurando venganza regresó a sus tierras.

Pasó el tiempo y Pirayú confió en que pronto se le pasaría el enojo a su amigo, ¡se equivocó! Una tarde en que Carandaí, como casi cada día, estaba  sentada en su bote en medio del río mirando al sol ponerse, un extraño crepitar la hizo desviar la vista. Con horror vio resplandores de fuego que surgían de la aldea. Remó con todas sus fuerzas temiendo lo peor, más cuando llego a la orilla y quiso desembarcar se vio atrapada en unos gruesos madreros. Delante de ella Mandió, burlón y altanero, le dijo que pidiese a su dios tan amado que la salvara si no quería que él se la llevara. Carandaí alzó la mirada empapada en lágrimas, suplicando a Cuarahjí, su amado dios sol que salvara a su pueblo.

Para espanto de Mandió y sus guerreros del sol mismo surgió un feroz remolino de rayos que envolvieron a Carandaí haciéndola desaparecer de la vista para siempre, mientras una terrible lluvia arrasaba con el fuego de la aldea. Cuando pudo abrir los ojos Mandió encontró que entre los maderos con que había aprisionado a la joven se alzaba una flor hasta entonces desconocida, alta, esbelta y del color de la luz, que al igual que la jovencita elevaba su corola al cielo siguiendo el rumbo de Cuarajhí, el sol.

Y así nació la flor que llamamos Girasol, que  hasta hoy cada día eleva su corola siguiendo el camino del sol.

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Leyenda del Palo Borracho

La leyenda cuenta sobre una antigua tribu de la selva, donde vivía una joven muy bonita quien era pretendida por todos los hombres. Sin embargo, ella amaba solo a un poderoso guerrero con quien se profesaban un amor profundo y reciproco. Pero lamentablemente cuando la tribu entra en guerra, él tenia que partir y dejar a su amada sola, por su parte ella le promete amor eterno. La triste realidad demostró que pasaría mucho tiempo y los guerreros no regresarían jamás, incluido el amor de esta joven.

Pero…¿qué pasaría con esta joven mujer?

Al tomar consciencia de que había perdido a su amor para siempre, cayo en una profunda tristeza y cerro su corazón herido rechazando a todo pretendiente que se le acercara. Pero más que eso, decidió internarse en la selva y dejarse morir. Lamentablemente así fue encontrada por unos cazadores en la selva, la hallaron muerta en medio de unos yuyales.

Lo asombroso fue como la vieron, ya que notaron que en sus brazos crecieron ramas y su cabeza se doblaba hacia el tronco, también observaron que de sus dedos florecieron las flores blancas. Ante este descubrimiento aquellos cazadores salieron espantados y aterrados de la selva hacia la aldea.

Cuando pasaron algunos días nuevamente se internan en la selva con este grupo de indios y algunos más, lo que hallaron fue aún más sorprendente. La encontraron con un aspecto totalmente diferente, estaba convertida en un robusto árbol cuyas flores blancas se habían tornado rosas.

La leyenda cuenta su significado, las flores blancas representan a las lagrimas derramadas de la joven por su amado guerrero al partir, y que la sangre derramada de este joven valiente en guerra las convierte en flores rosas.

Sin duda alguna, una leyenda que va más allá de un punto de vista objetivo y realista dentro de un contexto meramente narrativo. Es una historia profunda y conmovedora que tiene como personaje central al amor de un hombre y una mujer, que traspasó la muerte misma. Es interesante notar como siempre en este tipo de leyendas, el amor eterno es el personaje principal del relato.

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Leyenda del Quirquincho

Cuenta la historia que Puca era alguien muy hábil tejiendo abrigos para la gente del lugar. El desarrollaba “abascas” para los pueblerinos, y  “yacollas” que son tejidos mas finos, con abundantes colores y un perfecto hilado.

Su habilidad fue de renombre, comenzó a recibir pedidos de los incas mas poderosos, y poco a poco su pequeña choza estaba repleta de cueros y telas. El trabajo le abundaba y comenzó a recibir grandes ganancias en oro, plata y piedras preciosas. Entonces fue allí que comenzó a pensar para sí “Pronto seré rico, podré hacer lo que me plazca y divertirme como los demás, pasearé, cazaré cuanto quiera y compraré todo lo que me guste.”

Poco a poco el agotamiento de tanto trabajo hizo que Puca abandone su trabajo y comenzó a dar rienda suelta a sus deseos, los cuales le reportaban alegría solo por un momento. Comenzó a juntarse con otros habitantes del pueblo solo a embriagarse y gastando su oro en cosas sin valor e inútiles.

Así fue dejando de recibir pedidos de trabajo por parte de los príncipes ya que él no cumplía con su labor.

Cuando llegó el invierno, se dio cuenta que era necesario tener un buen abrigo y comenzó a preparar todo para tejerse un yacolla. Pero había perdido su habilidad. Las manos le temblaban mientras preparaba las tintas para teñir la lana y luego de varias horas solo consiguió un tejido de muy mala calidad, lleno de nudos y pelotones de lana mal escardada.

“No importa, lo usaré así. Mañana trataré de tejer otro”, se dijo, y se envolvió completamente con el poncho.

Pero al despertar encontró que el yacolla se había adherido completamente a su cuerpo de forma tal que ahora tenía una coraza encima. Peor aún fue el observar sus piernas y brazos que ahora eran cuatro patas cortas terminadas en afiladas uñas.

Desde allí el quirquincho es quirquincho y ronda por los campos, huyendo de los peligros, y escondiéndose en su caparazón.

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Leyenda del yaguarete

Este personaje mitológico de la cultura guaraní se define como yaguareté o jaguareté, en el idioma guaraní y abá, que significa hombre. Quedando traducido como hombre-tigre y que según la leyenda se refiere a un brujo que se convierte en este yaguareté, al usar la piel o cuero del jaguar y plumas de gallinas eran capaces de desprenderse de sus pieles y transformarse en mitad humano y la otra mitad bestia.

A este brujo viejo se lo conocía como debilitado o con pocas fuerzas, por eso la necesidad de convertirse en tigre con fuerzas renovadas y estar preparado para vengar alguna afrenta poderosa.

Para llegar a dicha transformación se retiraba a un lugar solitario, preferentemente de noche en medio del monte, y allí echaba un cuero de tigre en el suelo y se revolcaba sobre el de izquierda a derecha rezando un credo al revés.

Con este ritual recuperaba su potencia juvenil y animal convirtiéndose en una fiera, y estando en condiciones de enfrentar a sus enemigos.

Por otra parte, cuando este terrible felino terminaba su misión y deseaba volver a su forma humana debía repetir la misma ceremonia revolcándose sobre el cuero del yaguareté, pero ahora haciéndolo de derecha a izquierda y rezando el credo tal como es.

Sin duda alguna, esta leyenda infunde un terror supersticioso no por la ferocidad de estos felinos sino por su transformación que los convierte en verdaderos carniceros o depredadores. O como también se lo ha llamado la metamorfosis del hombre en tigre, un mito o leyenda muy presente en la mente de los lugareños de aquellas regiones.

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La Leyenda del Zorzal Colorado

Según relatan los guaraníes, el “Zorzal” era un hombre joven que amaba a “Agüaí”. La misma naturaleza era testigo de este gran amor, el río, los montes, las aves, las plantaciones y sus flores, todo alrededor daban fe de este amor infinito.

Zorzal era un excelente cazador, de hecho conocía todos los secretos de la selva. Después de dedicarse a la caza, por las tardes paseaba con su amada y con su flauta dulce le hacía canción. Así pasaban los días y disfrutaban de su amor, pero lamentablemente no todos estaban conformes con esta relación y sucede algo inesperado.

El hechicero descontento convence al Cacique, alegando que vendrían desgracias al pueblo por culpa de aquel amor. Sin dudarlo agarran al joven guerrero y lo atan a un árbol, de inmediato comienzan las flechas que cayeron sobre el pecho de Zorzal y partiendo su corazón cae muerto.

Tristemente su pecho se tiño de rojo y su flauta cayó a la tierra, dejando en desconsuelo a la joven enamorada del guerrero. Sin embargo, al amanecer del día siguiente llega al lugar Agüaí, precisamente en el árbol donde lo ataron y le pusieron fin a su vida.

Pero para sorpresa de “Agüaí” se encuentra en el mismo árbol un ave que tenía su pecho rojo teñido en sangre y un sonido de flauta, como el canto de amor del joven guerrero. Entonces comprendió lo que hizo Tupa, esta Ave de pecho rojo y de dulce canto era su enamorado Zorzal.

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